Colombia: desigualdad de ingresos y el ODS 10

introducción

El efecto de la desigualdad en la economía y la sociedad es una preocupación creciente a nivel global, dado que sus implicaciones van más allá del simple desarrollo económico, perjudicando también el bienestar de la sociedad e incluso poniendo en riesgo la paz y la seguridad. El resentimiento generado por la injusticia y el desigual acceso a los servicios públicos o sociales puede ser un catalizador de disturbios, hostilidad y violencia.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 10 de la Agenda 2030, que busca reducir las desigualdades entre y en los países, representa una oportunidad única para fomentar las acciones necesarias para reducir las desigualdades presentes en los territorios. Debido al carácter integral de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es posible pensar que en los países que presentan niveles de desigualdad alta y persistente, sea más difícil alcanzar el cumplimiento de todos los ODS, especialmente el ODS 1 que busca erradicar la pobreza. En ese orden de ideas, reducir la desigualdad resulta esencial para que se progrese en el cumplimiento de la Agenda 2030.. 

La desigualdad es más evidente en aquellos países que en los últimos 30 años han pasado de ser de ingreso bajo a ingreso medio. A pesar del aumento significativo del ingreso en estos países, muchos presentan altos niveles de pobreza que reflejan la desigualdad existente entre grupos claramente definidos. Esta situación puede generar una “trampa” donde la desigualdad se fortalece a sí misma, transformando de forma negativa la estructura económica, política y social del país.

Colombia ha logrado un crecimiento económico rápido, y alcanzó el estatus de ingreso medio-alto en 2008. No obstante, al igual que muchos otros países que tienen la misma clasificación, dicho crecimiento acelerado de la economía, no se ve reflejado en reducciones significativas en los niveles de desigualdad en el ingreso. De acuerdo con el reporte de Desigualdad Mundial 2018, el 10% de la población recibe el 40% del ingreso total del país, lo que evidencia que pese a la reducción en desigualdad que ha experimentado el país en las últimas décadas, esta continúa siendo considerablemente alta. Esto  representa un compromiso no resuelto por parte de los encargados de las políticas públicas y de todos los colombianos (WID, 2018). 

En esta historia con datos, se contrastan los diferentes niveles de desigualdad entre países y regiones. Esta comparación evidencia que la desigualdad es más profunda en regiones como Latinoamérica y África y países considerados de ingreso medio-alto. De igual forma, se evidencia que aquellos países con mayores niveles de cumplimiento en el ODS 10 exhiben menores niveles de desigualdad en el ingreso.

Coeficiente de Gini: midiendo la desigualdad de ingresos

En general, la distribución del ingreso medida por el Coeficiente de Gini ha aumentado por países y regiones. La desigualdad del ingreso ha aumentado en 46 de 119 países en 2018 con respecto a 1990 y se ha reducido en 58. El 70% de la población mundial vive en los países que han experimentado aumentos en el coeficiente de Gini (SDG Pulse, 2019).

Fuente: Elaboración propia basada en datos de SDG Index, 2018

La desigualdad del ingreso aumentó de manera moderada en Asia del Este y Asia del Sur (37.20%). El aumento en la desigualdad en esta región del mundo ha sido determinado básicamente por China (41.87%) e India (45.62%). No obstante, son Latinoamérica (50.67%) y África Subsahariana (46.38%), las regiones del mundo con mayor desigualdad en el ingreso (SDG Index, 2018).

Fuente: Elaboración propia basado en datos del Banco Mundial, 2018

Aunque existen muchas y variadas razones para explicar la mayor desigualdad existente en estas regiones, las decisiones políticas y las instituciones de los países juegan un papel trascendental en detener o profundizar la desigualdad.

Desigualdad por nivel de ingreso de los países

El Banco Mundial clasifica a las economías del mundo en cuatro grupos de ingreso: países de ingreso bajo, medio-bajo, medio-alto, y alto. Los países se clasifican en una categoría dependiendo del Producto Nacional Bruto (PNB) per cápita del año anterior y cambian por factores tales como el crecimiento económico, inflación, tasa de cambio, y crecimiento de la población.

Para 2020, las economías de ingreso bajo incluyen a aquellos países con un PNB per cápita de $1,03 dólares o menos en 2019; las economías de ingreso medio-bajo son aquellas con un PNB per cápita entre $1.036 dólares y $4.045 dólares; las economías de ingreso medio-alto son las que tienen un PNB per cápita entre $4.046 dólares y $12.535 dólares; y las economías de ingreso alto son aquellas con un PNB per cápita de $12.536 dólares o más (Banco Mundial, 2020).

Al analizar el Coeficiente de Gini por nivel de ingresos de los países, se evidencia que los países de ingreso medio, en especial, los de ingreso medio-alto, son los que exhiben mayor concentración del ingreso. Estos son países que en los últimos 20 años han crecido a tasas más rápidas que otros, pero sin que esto se refleje necesariamente en una distribución más equitativa de la riqueza creada.

La mayor desigualdad que se presenta en los países de ingreso medio tiene efectos adversos sobre el crecimiento y la estabilidad social y son factores que impiden una reducción acelerada de la pobreza. Las disparidades en el acceso a la salud y a la educación hacen más difícil romper el ciclo de la pobreza, lo que lleva a que se transmitan las desventajas de una generación a otra. Por lo tanto, el desempeño de los países de ingreso medio en los siguientes años tendrá un impacto importante sobre el cumplimiento de los ODS, en especial los relacionados con la reducción de la pobreza y las desigualdades.

Fuente: Elaboración propia basado en datos del Banco Mundial, 2018

Colombia: un país de estatus de ingresos mediano - alto

Colombia ha logrado un crecimiento económico rápido, alcanzando el estatus de ingreso medio-alto en 2008. El Producto Nacional Bruto per cápita pasó de 1.330 dólares en 1990 a 6.510 dólares en 2019. Las reformas económicas iniciadas en 1988 sirvieron de base para una gran transformación que abrieron la economía al comercio internacional y crearon un ambiente proempresarial.

Fuente: elaboración propia basada en datos del Banco Mundial, 2018

En un inicio, estas reformas estuvieron acompañadas por una agenda social dirigida a la ampliación de la cobertura en educación primaria y secundaria y el acceso a servicios básicos. De igual forma, desde inicios de la década de 2000, se realizaron avances en seguridad y en estabilidad jurídica que permitieron crear un ambiente más propicio para la inversión extranjera y una mayor integración del país en los mercados internacionales.

Al igual que otros países clasificados como ingreso medio-alto, Colombia contiene un segmento significativo de personas en situación de pobreza que no recibieron los beneficios del mayor crecimiento económico. El país debe hacer frente a los retos propios y globales para poder sostener tasas de crecimiento que le permitan seguir en la senda de desarrollo. Entre los desafíos que enfrenta el país, se encuentran la innovación tecnológica, el cambio climático, la migración y la desigualdad.

La innovación tecnológica es un desafío ya que la misma ha afectado principalmente a trabajadores de baja y media habilidad que desempeñan trabajos manuales y cognitivos rutinarios. En adición, las mayores ganancias producto de la innovación tecnológica han sido capturadas por un número reducido de empresas, en particular internacionales. La menor demanda por trabajadores de habilidad media intensifica la desigualdad salarial y la desigualdad en el ingreso.

El cambio climático está acelerando la degradación ambiental y ha aumentando la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos. Los impactos del cambio climático no han sido uniformes entre países y grupos poblacionales. Para Colombia, el cambio climático es un desafío importante ya que tiene un mayor impacto en las vidas de los habitantes de áreas rurales cuyo ingreso se deriva de la agricultura, la pesca u otras actividades relacionadas con el ecosistema. De igual forma, el cambio climático no solo hace que sea más difícil escapar de la pobreza, sino que además aumenta la posibilidad de caer en la misma, debido a los efectos negativos sobre los precios que tienen eventos climáticos inesperados.

En términos de migración internacional, Colombia enfrenta retos en la emigración de personas altamente calificadas y la inmigración de personas con calificación baja. Esto puede desacelerar el crecimiento económico y exacerbar las desigualdades económicas y sociales ya existentes en el país.

Con respecto a la desigualdad, la misma es ampliamente citada como la causa principal del conflicto armado en Colombia. Uno de los aspectos de la desigualdad extrema experimentada en el país es la del ingreso. De acuerdo con datos del Banco Mundial, Colombia se ubica como el décimo país con mayor concentración en el ingreso, teniendo un Coeficiente de Gini de 55.31%, siendo Suráfrica el país con mayor desigualdad en el ingreso con un Coeficiente de Gini del 67.10% (Banco Mundial, 2019).

Directamente relacionada con la inequidad en el ingreso está la concentración de la tierra, que ha promovido mucha de la violencia en la historia de Colombia. Los campesinos han perdido sus terrenos y se han visto obligados a desplazarse a las ciudades, viviendo en situaciones de pobreza debido a la falta de empleo y oportunidades. Por otro lado, de acuerdo a un reporte publicado en Fronteras en Psicología en el 2018, los colombianos perciben que la desigualdad en el ingreso está principalmente representada en las diferencias marcadas entre clases sociales, las relaciones grupales basadas en discriminación y exclusión social, espacios públicos (mendicidad en las calles, segregación espacial) y algunas dinámicas relacionadas con la distribución de los recursos económicos y la calidad del empleo (desigualdad salarial, empleos precarios) (Frontiers in Psychology, 2018).

Objetivo de desarrollo sostenible 10 - Reducción de las desigualdades

El ODS 10 está diseñado para promover la reducción de la desigualdad entre países y al interior de estos. Adicional a este ODS, el deseo de disminuir la desigualdad es evidente en otros objetivos. Por ejemplo, algunas de las metas del ODS 4 (acceso equitativo a la educación) y todas las del ODS 5 (equidad de género) están esencialmente enfocadas en la desigualdad. De igual forma, el marco ODS requiere que varios de los indicadores estén desagregados por sexo, grupos de edad, urbano/rural o personas con discapacidad, lo que de manera implícita también apunta a la desigualdad.

En la Agenda 2030, se reconoce la desigualdad como una problemática de importancia suficiente para justificar un objetivo completo (ODS 10). No deja de ser curioso que ninguna de las metas del ODS 10 están dirigidas a reducir de manera directa la desigualdad económica de ingresos o riqueza, aunque aquellos países con mayores niveles de cumplimiento del ODS 10 presentan menores niveles de desigualdad de ingresos. Por eso, trabajar en el cumplimiento del ODS será importante en reducir los niveles de concentración del ingreso que se observa en la actualidad.

En este sentido, avances en la meta 10.1 que busca aumentar el ingreso de las personas ubicadas en el 40% inferior de la distribución de ingresos, y en la meta 10.2 cuyo propósito es promover la inclusión social, económica y política de toda la población, contribuyen a disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso (The Global Goals, 2020).

Con respecto al nivel de cumplimiento del ODS 10, se puede apreciar que Europa presenta el mayor avance con una mediana de 79.23, en tanto que Latinoamérica reporta una mediana de 35.30 haciendo que esta región sea la que más esfuerzos necesita realizar para lograr el cumplimiento de este objetivo para el año 2030.

En cuanto al nivel de ingreso, son los países de ingreso alto los que reportan mayor cumplimiento con una mediana de 79.23 mientras que los países de ingreso medio-alto presentan el menor cumplimiento con una mediana de 45.99.

Fuente: Elaboración propia basado en datos de SDG Index, 2019 & Banco Mundial, 2018

Colombia y el ODS 10

En el ODS 10, Colombia se encuentra en desventaja con otros países que han reducido las brechas de desigualdad en las últimas décadas. El país presenta un coeficiente Gini ajustado por ingresos de 55.31. No obstante, en su determinación de cumplir con los ODS para 2030, en particular con el ODS 10, Colombia ha diseñado seis estrategias orientadas a reducir las desigualdades y promover la equidad. De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022 y el  CONPES 3918, estas estrategias son:

1. Coeficiente de Gini: se espera que en 2030 sea de 0,48

2. Plan Nacional de Desarrollo: busca garantizar la inclusión y la equidad durante el periodo de ejecución.

3. Inversión en el eje de equidad: el objetivo es invertir cerca de 516 billones de pesos en acciones dirigidas a mejorar la equidad

4. Grupos étnico y derechos de las mujeres: se busca disminuir la desigualdad de los grupos étnicos y raciales, además de garantizar los derechos de las mujeres.

5. Regiones: incluye políticas de acuerdo con las necesidades de cada región.

6. Bienestar de las niñas y los niños: el objetivo es que los niños colombianos tengan acceso a servicios esenciales, al sistema de salud y educación, entre otros.

Fuente: Elaboración propia basado en datos de SDG Index, 2020 & Banco Mundial, 2019

Nuevas dimensiones de la desigualdad: conexión y datos

Las cuarentenas experimentadas como producto de la crisis del COVID-19, han puesto en evidencia que el acceso a internet es determinante para la inclusión social. El internet de alta velocidad ha resultado determinante para el trabajo en casa, la continuidad en la educación de las niñas, niños y jóvenes, para poder acceder a beneficios de programas sociales, al igual que facilitar el acceso a servicios financieros. Sin embargo, de acuerdo con datos de la Unidad Internacional de Telecomunicaciones - ITU, el 47% de la población mundial no cuenta con acceso a internet, lo cual ha puesto a más personas en situaciones de vulnerabilidad.

La desigualdad digital es marcada entre países. Noruega, Reino Unido o Canadá, clasificados en categoría de ingreso alto, tienen tasas de acceso a internet superiores al 90%. Países de ingreso medio muestran disparidades altas en la proporción de usuarios de internet en sus poblaciones, con tasas de acceso del 75% en Malasia y Rusia a cerca de 25% en Indonesia. En Latinoamérica y el Caribe este rango va del 71% en Argentina a 12% en Haití. En el caso de Colombia, el nivel de acceso es 58% (Banco Mundial, 2019).

Fuente: Elaboración propia basado en datos de SDG Index, 2020 & Banco Mundial, 2019

La falta de acceso a internet aumenta la concentración del ingreso y la desigualdad en oportunidades, dado que los grupos menos favorecidos y las personas que viven en zonas rurales tienen acceso más limitado a internet. Las disparidades de participación entre hombres y mujeres en la fuerza laboral, salarios, y acceso a servicios financieros puede aumentar la brecha de género existente ante esta carencia. De igual forma, se ve afectada la productividad de las personas y las empresas que necesitan del internet para desarrollar sus actividades u operaciones.

La brecha digital también contribuye a que aumente la brecha en los datos. En un mundo cada vez más digitalizado, las personas que no están conectadas a internet enfrentan una mayor dificultad para acceder a datos e información. La disponibilidad y un uso apropiado de los datos contribuye a crear sociedades con personas más empoderadas, mejores políticas, hacer una toma de decisiones más efectiva y responsable, y brindar mayor participación y mecanismos democráticos más robustos (OECD, 2019).

El despliegue de banda ancha, al igual que los subsidios por adopción, son políticas que contribuyen a disminuir la brecha digital. Esto a su vez tiene que ir complementado con acceso a educación de mejor calidad en habilidades para el uso de herramientas tecnológicas y el manejo de datos. En particular, las intervenciones en los primeros años de formación pueden ayudar a aumentar las competencias digitales que son clave para triunfar en un mercado laboral enfocado en las tecnologías de información y comunicación con impactos perdurables en el largo plazo (Vivien & Lang, 2017).

Una mayor adopción del internet ayuda a reducir la desigualdad del ingreso. El acceso a internet tiene efectos positivos en toda la población, en especial en las personas en situación de pobreza, que al acceder a más oportunidades, podrían aumentar sus ingresos. Esto se ve reflejado sobre todo en la búsqueda de empleo. No obstante, la educación desempeña un papel importante para que este segmento de la población reciba los beneficios del internet (UN, 2020).

El Internet tiene el potencial de contribuir a reducir la desigualdad al facilitar el acceso a la información y conocimiento a los grupos poblacionales que están en desventaja – incluyendo las personas en condición de discapacidad, las mujeres y las niñas. El siguiente gráfico permite poner en evidencia que los países con un acceso a Internet mayor al 70% presentan menores niveles de desigualdad.

Fuente: Elaboración propia basado en datos de SDG Index, 2020 & Banco Mundial, 2019

Al igual que otras tecnologías, tales como el tren, el motor de combustión interna, y la electricidad, el Internet y los datos tienen el potencial de cambiar la estructura productiva de las economías. En este sentido, la capacidad de los sectores público y privado para ampliar y profundizar el uso de las nuevas tecnologías será clave para que los países puedan aprovechar un progreso económico sostenible e incluyente durante el siglo XXI. 

Un uso intensivo del Internet y de los datos en los diferentes sectores de la economía, junto con educación de calidad, puede aumentar tanto los beneficios económicos y sociales de la globalización como el progreso tecnológico, incluyendo un crecimiento económico, brindar más y mejores oportunidades laborales, así como obtener un mayor nivel de inclusión en la medida que grupos y comunidades marginalizadas se integran de manera completa en la vida social y económica del país. De hecho, como se observa en el siguiente gráfico, se evidencia que cuando el acceso a Internet del país está por encima del 70%, aumenta el porcentaje de exportaciones tecnológicas. En ese sentido, Colombia aún puede realizar avances en este campo y aumentar su capital humano, de manera tal que pueda entrar en la senda de crecimiento de los países de ingreso alto..

Fuente: Elaboración propia basado en datos de SDG Index, 2019 & Banco Mundial, 2019

conclusiones

Latinoamérica es la región del mundo con la mayor desigualdad, en tanto que el grupo de países de ingreso medio-alto también presenta niveles de desigualdad superiores a los demás. A pesar del destacado crecimiento económico de esta región y, en particular, de este grupo de países, los beneficios no se han distribuido equitativamente y, por el contrario, se han profundizado las disparidades existentes.

Colombia, al igual que los otros países de Latinoamérica y de ingreso medio-alto, todavía muestra niveles altos de desigualdad en el ingreso. El país debe realizar un mayor esfuerzo para afrontar la diversidad de retos que contribuyen a profundizar la desigualdad, tales como el progreso tecnológico, el cambio climático y la migración internacional, entre otros.

Aunque el progreso tecnológico puede profundizar las desigualdades existentes, elaborar planes dirigidos a aumentar el acceso y el uso de Internet, así como el uso de los datos entre los diferentes grupos poblacionales y entre sectores económicos, complementados con educación de calidad, pueden servir de base para que el país experimente aumentos en la productividad. También brinda la oportunidad para que se vuelva más competitivo en los mercados internacionales, a través de la exportación de bienes y servicios de base tecnológica, lo que consecuentemente se verá reflejado en un aumento de empleos bien remunerados, que pueden contribuir a establecer una sociedad más incluyente y participativa. De tal forma, cerrar brechas de desigualdad tradicionales, como lo son los ingresos, y otras más recientes, como lo es como la desigualdad tecnológica, permite garantizar un mayor bienestar de la población y crear condiciones propicias para el desarrollo de sus capacidades en línea no solo con el ODS 10, sino además con todas las metas propuestas en la Agenda 2030.